
En Buñol se celebra cada año una guerra de tomates que tiñen de roj las calles de este pueblo. Esta celebración tan original tiene lugar en la Cominidad Valeciana, en la que se invierte una gran cantidad de dinero para disponer de al rededor de 100 toneladas de tomates maduros para llevar a cabo el festejo. Se trata de una guerra en la que nadie resulta herido ni hay enemigos, sino que participan tantos cuantos quieran y son todos contra todos, ni vencedores ni vencidos.
Existen diversas interpretaciones a cerca del orígen de esta fiesta. Según algunos historiadores, su inicio se remonta a una "broma" que algunos amigos quisieron gastar a un señor que pasaba por la plaza del pueblo de Buñol cantando y tocando un instrumento pero que, al parecer, lo hacía tan mal que la gente que se encontraba allí cogió los tomates de un puesto de frutas y los lanzó contra él, enzarzándose todos los presentes en una batalla de tomates.
Otro se remonta a 1944, año en que un grupo de amigos que almorzaban juntos comenzaron a lanzarse los tomates de la ensalada. Un año después volvieron a reunirse para conmemorar aquel incidente, aunque algunos se presentaron con una cesta de tomates dispuestos a iniciar todo un combate. Así, poco a poco fue aumentando el número de personas que intervenía en la batalla, así como el número de tomates.
Sin embargo, la versión más veraz e histórica cuenta que todo empezó en 1945, cuando los jóvenes de la época se encontraban en la plaza del pueblo, lugar dónde se celebra tradicionalmente la Tomatina, y al paso de las autoridades y la banda de música durante un desfile de "gigantes y cabezudos" un grupo de estos jóvenes, que querían participar en la comitiva, empujaron a los que llevaban este disfraz. Uno de los participantes cayó al suelo y, al levantarse, comenzó a golpear a todo el que se encontraba allí, por lo que todos comenzaron a pelearse entre sí. El destino quiso en las proximidades se encontrara un puesto de verduras y hortalizas con las cajas expuestas en la calle para su venta, por lo que los jóvenes usaron esos tomates para tirárselos unos a otros hasta que las fuerzas de orden público disolvieron "la batalla" y los responsables del alboroto tuvieron que pagar los destrozos. Este alboroto no se olvidó al año siguiente y al llegar el mismo miércoles del mes de agosto los jóvenes del pueblo volvieron a reunirse en la plaza llevando ellos, en esta ocasión, los tomates. Así comenzó otra vez la batalla hasta que, de nuevo, fue disuelta por los alguaciles. De hecho, en los años siguientes las autoridades siempre se opusieron a las celebración de lo que ya se conocía popularmente como el "día de la Tomatina". Pero de una u otra forma, todos los años desde entonces, se llevaría a cabo.
En 1950 el Ayuntamiento de Buñol no se opuso a la celebración de la fiesta. Pero sí al año siguiente. Algunos de los jóvenes participantes fueron detenidos y llevados a la cárcel del pueblo. Sin embargo, todos los vecinos se volcaron con ellos por lo que fueron puestos rápidamente en libertad.
Ante el clamor popular, la fiesta fue permitida por fin por las autoridades. Es más, a partir de entonces cada año participaba más gente y la fiesta empezó a ser conocida en más lugares. Era tal la diversión que los participantes ya no se limitaban al tomatazo, sino que se lanzaban agua, metían a los compañeros en la fuente y, sobre todo, "atacaban" a la gente que no participaba y se limitaba a mirar, entre ellas, a algunas personalidades de relevancia. Esto provocó de nuevo la prohibición de la fiesta con la amenaza de altas sanciones e incluso con penas de prisión para quienes participaran en ella. Fue tal el arraigo de la fiesta que en 1957, al no poder celebrase la Tomatina, algunos jóvenes propusieron hacer el "entierro del tomate", una gran manifestación popular entre cuyas parodias y comparsas cómicas desfiló un grupo de jóvenes portando un ataúd con un gran tomate dentro, acompañados por la banda de música interpretando marchas fúnebres.
A partir de 1959 y ante el clamor popular, el ayuntamiento permitió de nuevo la celebración de la Tomatina pero bajo ciertas normas, como por ejemplo que el principio y el final de la fiesta sería anunciado con una carcasa y que ni antes ni después de la misma se podría lanzar un solo tomate. A partir de ese momento, la fiesta se institucionalizó aunque a lo largo de los años sufriría algunas modificaciones antes del inicio del festejo.
Algunos de estos cambios fueron la realización de "cucañas", de carreras de sacos, de chocolatadas, de carreras deportivas de todo tipo, de charangas... aunque lo que actualmente se realiza es el tradicional "palo jabón"; un poste embadurnado de jabón a través del cual varios jóvenes tiene que escalar para conseguir el trofeo clavado en su punta: un jamón.
La fiesta ha ido evolucionando hasta convertirse en un acto de gran importancia y de obligada presencia en las diferentes televisiones nacionales y extranjeras.
Buñol:
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